24.5.18

Prima facie

Las emociones que llegan en ciertos momentos importantes de la vida son crudas e intensas. La felicidad de tener, el dolor de perder, o el simple sentir del ahora. La efímera sorpresa que se convierte rápida en la aparente interminable sensación del cambio. Sin embargo, esa sensación de eternidad se apaga al pasar del tiempo.

Una emoción que se siente en un momento específico nunca va a volver. A veces vivimos con el fantasma remanente de la emoción, pero no es lo mismo, como si al revisitar nuestra vida, nos encontramos con una casa fantasma de nuestros recuerdos, sin poder volver atrás. Es quizá por eso que como cultura estamos tan fascinados con las experiencias: tener nuevas experiencias una y otra vez es nuestro modo de dar ese valor a nuestra vida, y acercarnos a la sensacion de eternidad que tanto añoramos.


Personalmente creo que por eso es tan valioso escribir, o el arte en general: es un modo de no encerrar nuestras emociones, sino que compartirla con otros que llegan más tarde a visitarnos a esa etapa de nuestras vidas. Porque nosotros debemos irnos y cerrar la puerta, pero podemos dejar regalos a otros que van llegando, para hacerles saber que no están solos.

Invirtamos en nuestras experiencias, pero también pensemos en las experiencias de otros.

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