5.5.18

Injusticia

La peor de todas las injusticias no viene de acciones cometidas por una persona hacia otra, pues a la larga, podemos entender que todos nos equivocamos. Lo duro viene cuando reconocemos que la persona que comete la injusticia no se siente arrpentida. Es esa situación fea en la que no existe siquiera el consuelo de que ese victimario reconoce su injusticia. ¿Será que no era injusticia? ¿Será que hay una razón, algo así como un bien mayor, que justifica la aparente falta de justicia?

Aunque muchas de esas preguntas pueden tener respuesta, en la práctica no son muy satisactorias cuando contrastamos las opiniones. Una razón, a mi parecer, tiene que ver con la discrepancia entre visiones de la moralidad entre personas; lo que es malo para uno no lo es para otro, o incluso, la visión del fin justificando los medios e incluso una visión circunstancial de la moralidad desde la perspectiva personal. Todas estas se vuelven un mecanismo para darle sentido a nuestras acciones. Peor incluso, en muchos casos, nuestra cultura nos enseñaa racionalizar en modos que desafían una visión objetiva de la realidad, para definirla según el ahora o nuestra visión personal del bienestar.

A la larga, el tema no es cómo discrepamos o racionalizamos con relación a otros, porque no veo una solución al respecto. El tema real es qué tanto deberíamos dar cierre a estos conflictos con base en la expectativa en otros. A veces debemos saber confiar en nuestra lectura de la realidad, con honestidad, desear a otros lo mejor y dejarles poner a prueba su propia versión de la moral, allá en el mundo cruel, sin que nos importe mucho, pues la peor injusticia que podemos hacernos a nosotros mismos es juzganos con una vara ajena.

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