6.7.17

In between

El prólogo del libro The Great Divorce, de C. S. Lewis habla, a través de una historia alegórica sobre las diferencias entre el cielo y el infierno. En ella, las personas descubren, durante un viaje al cielo, que la realidad de arriba es tan fija que les es imposible interactuar con ella, y descubren que su materialidad es falsa, como en esa película creepy donde los niños descubren que son fantasmas en el mundo real.

Eso alimenta una idea que he estado analizando por un par de días, que es sobre el éxito y el fracaso, y de la que he escrito antes, pero desde la perspectiva de la fragilidad humana. ¿Será que nos encontramos a nosotros mismos en el éxito, o en el fracaso? Me pregunto esto con respecto a las impresiones que varias personas han compartido conmigo con respecto a lo que significa el éxito en sus vidas. Pero a medida me he encontrado en situaciones en las que he encontrado que no necesito nada, también me he visto olvidando mi naturaleza frágil o insegura, para ser recordado de ella en el momento en el que algo sucede que no hubiera deseado. No puede ser que seamos pobres o desdichados para poder sentirnos humanos, ni que seamos ricos o afortunados para creer que no necesitamos nada fuera de lo que nuestras manos pueden alcanzar.

Pero como en toda dicotomía de este tipo, hay un punto en el que no somos ni tan felices, ni tan tristes. Un punto en el que nuestra humanidad vive la plenitud de la felicidad pero recuerda de dónde vino; un estado en el que la desdicha sobrecoge pero trae consigo la promesa de lo que realmente somos. Fallar en esa unión entre ambos estados rompe el equilibrio entre lo que somos y lo que estamos destinados a ser.

Tal vez.

22.5.17

La espera

Todos hemos tenido que esperar algo en algún momento de nuestras vidas, y sabemos que la experiencia puede tornarse de dos maneras. La primera es cuando esperamos algo que en cierta manera ya conocemos, como la nota de un examen o la regañada de nuestras vidas. La segunda es un poco más complicada, porque podemos esperar algo que no entendemos o conocemos, y que no sabemos cuándo va a llegar. Puesto en perspectiva, si esperamos algo que no sabemos qué es, y que puede llegar en el momento menos esperado, entonces no estamos realmente esperando nada especial en término de lo físico, sino que, de forma más confusa, esperamos una experiencia o algo que puede medirse solo en el mundo de lo existencial.

Ahora, sabiendo eso, quizá la espera pasaría de preocuparnos por eso que llega, a preguntarnos qué es lo que queremos que llegue. Claro, eso lo hace más complicado, pues sabemos que si no escogemos eso que vamos a desear, no podemos nunca esperar que seamos satisfechos, así como pasa con la persona que nunca puede ponerse de acuerdo sobre adónde ir a comer tras múltiples intentos de convencerla con opciones. Para solucionar esto hay dos opciones: una es reducir las opciones o llegar al punto de la imposición, y la otra es depertar el apetito para inducir alguna opción de las disponibles.

Y es que es muy difícil escoger si no hemos descubierto lo que llama nuestro interés.

9.5.17

Inicio

Será que tal vez, solamente tal vez, el verdadero espíritu de aventura inicia cuando dejamos de hacer y responder preguntas. No más qué, cómo ni por qué, sino que más aquís y ahoras.

12.1.17

Retrospectiva

Uno de los temas más interesantes en los que he reflexionado últimamente tienen que ver con el prejuicio de retrospectiva. Este se basa en la ilusión que las personas tienen, una vez los eventos han ocurrido, de que eran predecibles, o de nuestra capacidad de predecirlos. Ocurre siempre después de los eventos deportivos: todos tienen la capacidad de explicar por qué un equipo ganó o perdió, aunque hayan sido eventos improbables. Es como si fuéramos incapaces de admitir inconscientemente nuestra incertidumbre.

Sin embargo, una de las lecciones más valiosas que he aprendido en el último año es justamente esa: que hay un gran valor en reconocer nuestra incertidumbre. Quizá no sabíamos qué venía adelante, y el resultado no sea el esperado. A veces es bueno saber nuestras limitaciones y entender que no pudimos haber prevenido ciertas cosas, porque justamente eso es lo que nos hace crear un mejor juicio.

No se puede ver el futuro, pero siempre podemos ser más inteligentes en cómo lo afrontamos.

2.1.17

Guía práctica para vivir aventuras

  1. Sin importar lo que muchos digan, no hay aventura que valga la pena sin una meta en mente. ¿Tu aventura se enfoca en salvar el mundo, o encontrarte a vos mismo? Como sea. Todos buscan algo, y más vale que sea algo que al final valga la pena.
  2. El desarrollo del aventurero no se mide pensando en aquello que se deja atrás, sino en aquello por lo que lucha por no dejar durante su travesía.
  3. Algunas aventuras son reconocidas como aventuras desde el inicio; algunas otras se convierten en el camino. Pero para muchos, las aventuras son aquellas que reconocemos hasta que ya han terminado.
  4. Las buenas aventuras tienen caos y desorden; tambien suelen ser impredecibles.
  5. Hay aquellas aventuras que no terminan: se llaman borradores. Los borradores sirven como base para escribir aventuras más emocionantes.
  6. Las aventuras no pueden ser completamente introspectivas, porque el sentido de aventura solo nace cuando nos enfrentamos a algo más grande que nosotros.
  7. Las aventuras no se viven solos: o las vivimos con alguien más, o las contamos a otros cuando han terminado.  La clave es esta: descubrimos que estamos en una aventura - la asumimos - la compartimos.

Eloquence

[...] and yet, perhaps my problem is that I can indeed put every single one of my feelings into words.