22.2.16

Seiko

Recuerdo que el papá de uno de mis amigos de infancia, muy querido, manejaba taxis para visitantes y turistas internacionales. De vez en cuando llegaba y nos enseñaba cosas interesantes que dejaban en su taxi, en una época en la que no existía el Internet. Una vez llegó y nos enseñó un reloj Seiko Pepsi increíble, con funciones súper especiales que en los años 90 eran imposibles de creer para niños de ocho años. Recuerdo que jugamos por horas con él, y su padre lo tomó, y le dijo a mi amigo: "Si aprendés a leer el reloj, te lo regalo".

Tengo que admitir que sentí cierta molestia al escuchar eso. No dejaba de pensar en que darle un reloj tan valioso a un niño era una pérdida de dinero, pero la verdad es que fuera de la burrada de uno como niño y la envidia y esas cosas tontas, algo de confirmación tuve cuando a las semanas vi el reloj tirado y abierto por completo. ¡Lo mató! No podría decir que yo le hubiera dado un final menos trágico, pero creo que es una lección de vida que nunca se me olvida: no solo debemos ser capaces de utilizar las cosas que recibimos, sino también a valorarlas y cuidarlas. Hay cosas en nuestras vidas que son tan valiosas sin que las reconozcamos, pero que tratamos como si fueran desechables; no sería sorprendente reconocer que mientras no sepamos mantener las cosas por lo que valen, todavía no estemos listos para recibirlas.

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