6.9.13

Seriously

Una vez de chiquito adopté un gato callejero el cual duró con nosotros un corto tiempo. Él era cariñoso y apacible, pero tenía la terrible costumbre de abrir bolsas con basura en la calle y comérsela. Me acuerdo el día en el que me di cuenta de eso desde una ventana, impotente, mientras él hacía fiesta con comida podrida.

Es irónico, sin duda, volver a vivir esas experiencias ya de grande.

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