12.9.12

La incongruencia futbolística

El fútbol es una religión, lo cual es evidente en todos lados, hasta en mi maltrecho país. Lo interesante del caso es observar la manía incontrolable que, a pesar de lo que ocurra en el mundo exterior, se mantiene viva en cada partido del cual me toca presenciar las emociones de mis compatriotas. Es como entrar a un mundo paralelo donde las cosas no reflejan aparentemente el sentir del mundo real, donde la gente crea y vive sus sueños. Es por eso que siempre me fascinó el fútbol, y que lo he seguido a pesar de que muy pocas veces he compartido esa pasión.

Claro, no todo es lo que parece, y con el tiempo he llegado a interesarme mucho más en una característica del fútbol que le hace más interesante aun; es admirar la ironía de su público tan variado, y en que a pesar de la gran cantidad de pensadores y filósofos, pensadores, demóocratas y anarquistas, escépticos y críticos de la vida, la gente, las sociedades, los estados, los capitales, las empresas; amantes de la verdad, y una plétora de personajes dignos, nadie se detenga a preguntarse en medio de su pasión futbolística si realmente es posible que de un mundo tan corrupto y maligno, y en un sistema lleno de intereses económicos y políticos, pueda existir algo supuestamente tan puro, digno y que represente al espíritu humano como el fútbol.

O quizá simplemente se engañan al negar que su equipo favorito sería capaz de vender partidos y engañar a sus aficionados.

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