18.3.11

La innovación ortográfica

Amo la ortografía. En serio la amo. No es porque piense que sea necesario escribir para trinufar el mundo, ni porque piense que sea algún tipo de habilidad esotérica que me distinga de las demás personas. Es porque creo en la identidad cultural de la lengua. No hace más de cinco años solía entrar a salas de chat de IRC o foros en los que me maravillaba con las cedillas y virgulillas del francés y portugués y no pasó mucho tiempo para llegar a preguntarme por qué los hispanohablantes tienden a privar su propio idioma de utilizar las grafías correctamente, siendo un idioma tan lindo.

Pueda que yo no sea lingüista, pero personalmente creo que el español ha sido bellamente desarrollado con características que le dotan de una gran versatilidad. Por ejemplo, una correspondencia inequívoca entre grafías y sonidos, que convierte a letras y sílabas en "paquetes de red" intercambiables y automáticamente reconocibles por cualquier receptor (un esquema e2e en su máximo esplendor). Además, la composición de sílabas y palabras logra, cual piezas de Lego, cumplir una función de modularidad que permite crear palabras nuevas por medio de la adición o sustracción de palabras. Los portmanteaus son comunes, y el lenguaje se adapta a las necesidades de sus usuarios. ¿Mejor?, imposible.


Por supuesto, los lenguajes crecen. Se desarrollan y se adecúan a las necesidades de sus usuarios, justamente  como el internet. Claro está que existe la Real Academia Española, un organismo cuya función principal podría definirse como la estandarización del lenguaje para sus usuarios. La estandarización implica la creación de normas. ¿Es eso bueno? En parte. Por ejemplo, pensemos en las reglas que la RAE dicta. Por un lado se encuentran las buenas prácticas de escritura y uso de grafías que le dan razón de ser a los sonidos y elementos básicos del lenguaje. Eso puede ser explicado como un control en la codificación del idioma. Solamente definir las bases o reglas de juego son difíciles, o sino pregúntenles a los desarrolladores de estándares como el HTML5 o los lenguajes de programación de computadoras. Definitivamente no es el tipo de cosas que se le deja a alguien que no sepa al respecto.

La pregunta del millón viene al preguntarse: ¿Cómo se establece la innovación? Otro modo de formular la pregunta es: ¿qué información motiva o incentiva la introducción o reformas en las reglas de escritura? ¿El rango de fonemas? ¿Los significados y las ambigüedades? Por supuesto. ¿Las prácticas de uso? ¡Por Dios, no! Qué clase de burrada resulta ser pensar que el uso del lenguaje define su forma. Gracioso resulta pensar que probablemente en un inicio los idiomas se desarrollaron y las reglas para su escritura no fueron ideadas por ningún erudito en el tema, sino por los usuarios que le dan valor y significado. En inglés todavía ocurre, o sino pregúntenle a Woolf cuál es su razón de ser hacia el punto y coma en sus escritos.

Por supuesto que el control de las reglas de uso son válidas y útiles en muchos contextos. Por ejemplo, los niños en primaria aprenden sobre el uso de estos bloques básicos y reglas de construcción que serán utilizados durante toda su vida para construír obras maestras. No habrá necesidad de que otro hispanohablante en otro lado del mundo busque el manual de dicción para pronunciar un nombre que no conoce, o para traer a la vida, nombres y palabras nuevas sin preocupación de que otros no puedan entenderlas o pronunciarlas correctamente. Este es el tipo de control que permite la innovación. Está basado en la premisa de que la lengua puede crecer en muchas direcciones, y puede ser desarrollado por medio de estos bloques básicos. Los que crean las reglas de la lengua lo hacen con la idea de que se adopte a la mayor cantidad de palabras posibles, lo cual permite que las personas le den el uso que crean conveniente.


Ahora, veamos otro tipo de control, del cual muchos "gurús" de la ortografía parecen no entender mucho. Me refiero al control de la capa de contenido del lenguaje, de la cual no solo están en juego la base y la estructura del español, sino que también efectúa una influencia en el mensaje mismo; i.e. la lista de palabras y acepciones del español. Para explicarlo de forma concisa, me pregunto:

¿Cómo hago para que una palabra sea admitida? Imaginémonos que cual Charlie Sheen, me invento una palabra y muchos borregos fanáticos siguen mi llamado. La palabra se vuelve un hit enorme y se comienza a publicar en periódicos (porque seamos honestos: ellos son los primeros en tirar la piedra). Después la palabra es acuñada por columnistas, revistas informales y autores jóvenes. Búsquedas en Google encuentran miles de referencias a usos de mi palabra, y llega a oídos de la RAE, quienes deciden que la palabra es una incorrección, debido a:

a. Ser una moda pasajera o tener raíces en una marca o nombre efímeros. Aunque Roflcopter y Hovercat no vienen probablemente para quedarse en el mundo, existen casos como 'calcomanía' que trascienden muchas veces el tiempo e incluso la lógica de sus etimologías. La gente acuña expresiones que se mantienen a pesar de lo "poco formal" de su etimología. No es cuestión de contarlos simplemente como neologismos y hacerlos a un lado. No estoy esperando que la palabra 'jazz' sea sustituída por 'yas' para pensar en ella como una palabra de nuestro idioma, y esperaría que no me hagan decirle cabezón a alguien en lugar de hacerle ver que es un testarudo.

Me apasiona pensar en las raíces de nuestro idioma en el griego y latín: los anti—, los archi—, —logías, penta— y otro sinfín de expresiones cuya disección nos permiten aprender sobre historia; ojalá sigan hablando de las influencias del árabe durante las edades medias con el azúcar y el álgebra; más importante, que los tweets y cracks futbolísticos sean prueba de nuestros tiempos, en lugar de ser borrados de la faz de la lengua por no leerse lindo.

b. ser palabras no tienen suficientes usuarios o referencias. Esta es sumamente tramposa, porque verán, la innovación trabaja de manera... innovativa. Por ejemplo, se viene la duda: ¿cuántos son los usuarios y referencias mínimas para que una expresión o acepción sea admitida? Nunca había caído en cuenta de la importancia que implica este punto como valor cultural, y habemos muchos que criticamos la lengua ajena sin saber lo venenoso que resulta para el idioma.

Les hago un ejemplo: el patois jamaicano es hablado por 3.1 millones de personas, o bueno, un 0.21% de los angloparlantes. Hablamos de un grupo social cuya lengua por muchos años fue considerada una aberracción de la lengua inglesa, y ahora se ha desarrollado al punto de considerarse un lenguaje. Wah gwaan, man dicen mientras se comen patties en Montego Bay, ¿y saben qué? La comunicación existe, ambos interlocutores se entienden: la lengua vive. Jamaican ganja ee di best, yeah man. El crole haitiano es otro caso muy particular. En Port-au-Prince no hay que preocuparse de que la gente se burle de mí si les digo N'ap boule, mèsi. No es un mal francés, es simplemente el modo en el que una lengua se traslada a otra. Puede que la literatura en creole no comprenda lenguaje técnico-científico, y que apenas tenga entradas en la Wikipedia. ¿Importa eso? No lo creo.



Un idioma, desde mi punto de vista, es una cuestión de unidad cultural. Un grupo de 20 científicos que trabajan en teoría de supercuerdas o el calentamiento global, así como los cientos de analistas de negocios, los ingenieros y los biólogos se encuentran con inventos, o con la necesidad de nombrar un descubrimiento. Si es importante para los demás, los demás comienzan a utilizar la palabra. No necesito que me cambien la pronunciación de la ecuación de Euler (ˈɔʏlɐ) para poderla usar en el español; tampoco espero que los remolinos uzumaki o los tsunami que aparecieron en Japón tengan un nuevo nombre.

De nuevo: no hablamos de los que se equivocán al hablar o escribir, nos referimos a aquellos que deciden modificar el lenguaje para usarlo como más les gusta, o incluso quienes encontraron un punto de inflexión que varía su lengua en una rama diferente a la nuestra. No es que la gente dice dendioy o vapue porque sean ignorantes; lo hacen porque es su hablar, y parte de su cultura. No es que la gente cometa un error de ortografía al decir hicistes o dijistes, es cuestión de un forking en la lengua. Podría ser el nacimiento o los remanentes de un dialecto local. Por eso mismo es que Salarrué escribió sus cuentos sin usar comillas o itálicas cada cinco palabras, porque no eran una recopilación de neologismos o localismos, al igual que el alemán Alexander Jung canta patois de forma perfecta. Personalmente no creo que los haya escrito como un observador externo; él fue hablante de una lengua que definía una unidad básica cultural, ya fuera de 10, 100 o 1000 personas.



Mi pensamiento no va con la idea de eliminar el control de la lengua, y convertirlo en un lenguaje anárquico como el inglés; sin embargo, hay que reconocer algo: el idioma inglés contiene fácilmente el doble de palabras que nuestro idioma (tomando en cuenta que la mayoría de palabras del español en los diccionarios son voces arcaicas o en desuso). La lengua crece, se desarrolla; la gente le da el significado que quiere a las palabras, porque para eso existen. Los eruditos y estudiosos proponen y prescriben, pero es la gente la que finalmente decide.


Actualmente, el gran universo de palabras en el mundo están divididas entre las que son admitidas (y según algunos, "existen" o "son correctas), y aquellas que no existen, de entre las cuales un gran porcentaje son palabras derivadas, contracciones y jerga técnica. Peor aun, muchas de esas son palabras derivadas del habla de nuestros antepasados, nuestro acento y entonación son remanentes de culturas que están por desaparecer para siempre. Cada vez que nos quejamos del uso equivocado de algunas reglas, estamos muchas veces matando la innovación cultural que les dio la vida a raíz de un meme que muy probablemente ignoremos. Igualmente, cuando las reglas son desarrolladas sin preocupación por las necesidades y los usos de los usuarios de una lengua, o cuando se priorizan las reglas ya existentes por sobre esas necesidades, entonces matamos la creatividad del hablante mismo. Cuando el contenido se dirige en una sola dirección, entonces las acepciones y el contenido se mantienen fijas, o crecen muy lentamente. No hay espacio para la innovación, debido a que el control está en pocas manos. La cultura no avanza y el idioma se vuelve una carga.



En conclusión, es un llamado a los imbéciles que han estudiado la lengua, pero que no la entienden. Aquellos que se la pasan criticando las grafías y expresiones ajenas, basados en una idea arcaica de la lengua. La lengua vive... vive para joderles la vida.

4 comentarios :

Virginia dijo...

Siento que te amo más.

Loy dijo...

Me has provocado ganas de llorar. Qué belleza de post. :')

JC Conde de Orgaz dijo...

Precisamente cuando es notorio que la blogósfera "ha muerto" es cuando se vuelve realmente útil al margen de la curiosidad por lo novedoso. Es en este ambiente mortecino que surgirán de ahora en adelante los mejores artículos.

Éste es uno de ellos.

Bueno, realmente bueno.

¡QUeithCita~! dijo...

Wow. Me he tomado mi tiempo para leer y entender y hasta escucharte todo tu post. Está largo, sí, pero lo disfruté de principio a fin. Y lo tumblerié, también. Clap, clap. ¡Gracias por esto, Emilio!