27.3.10

Nu pa mori, bitches

Últimamente me han preguntado mi impresión sobre Haití y su situación actual, pero honestamente no puedo pensar en nada coherente al respecto, por lo que generalmente prefiero evadir el tema. Sin embargo, hay un pensamiento a modo de moraleja que he logrado con observar al país y a su gente muy de cerca, y tiene que ver con el paradigma individualista de las condiciones de las personas, y de modo inductivo, de las sociedades.


Preguntar sobre las causas de la pobreza es uno de los mayores dolores de cabeza de las personas. ¿Por qué la gente son diferentes? ¿Qué sucedió? En muchas ocasiones he osado a tirarme al bando de las personas que viven en la burbuja de una sociedad individualista, al pensar que la pobreza es un estado mental; sin embargo, díganme: ¿qué demonios tiene de mental vivir en una carpa, sin agua potable, baños, energía eléctrica ni comida? Lo mismo podrían decir cuando en el noticiero dicen que en mi país se vive en medio del caos, de la inseguridad, del crimen y de doce asesinatos diarios. Cuando no todo resulta ser cuestión de levantarse un día con los ánimos correctos y optar por una nueva vida, una sociedad distinta, una realidad mejor, es cuando nos damos cuenta que nuestras mejores intenciones solo son útiles en medio de las condiciones óptimas para su realización, ¿me entienden?

Gracioso es que la sociedad últimamente esté basada tanto en el individualismo. El mejor artista es el que crea algo totalmente diferente; el mejor empresario es el que innova para desarrollar un negocio nunca antes visto y se diferencia de sus competiores; la persona más interesante es la que sobresale de entre los demás. A veces es difícil aceptar cómo las personas necesitamos los unos de los otros para vivir nuestras vidas de forma plena, de cómo el arte es producto de influencias, de cómo la innovación y los adelantos del hombre son producto de esfuerzos grupales. Es así como nos encontramos también frente a la pregunta que me hice antes de tomar la decisión de irme: ¿Voy yo, o espero que alguien más vaya por mí? ¿Necesitan de otros, o ellos se las arreglan? La respuesta es fácil, ya que después de todo, la pobreza no siempre es producto solamente de un estado mental; más bien es producto de la mentalidad de aquellos que interactúan, y en el caso de Haití, que roban, invaden, o bien ignoran las necesidades de otros hasta el punto de que un suceso natural cualquiera venga a diezmar con lo más preciado que una sociedad posee: su gente.

En resumen, las mentalidades acarrean mentalidades. Quizá mis pensamientos estén más arraigados con la situación política que me abruma cada vez que abro un periódico o veo las noticias. A veces esperamos que la gente pobre se supere a tiempo para que nuestros hijos no tengan problemas con las familias que usurpen sus terrenos, o que una pena más dura tenga quietos a los delincuentes menores de edad. Si los problemas sociales como la pobreza y la delincuencia son producto de mentalidades torcidas, ¿cuál —o mejor dicho— quién es la causa? Más importante aun, ¿quién está dispuesto a enderezarlas? Especialmente al estar factualmente comprobado que sean leyes fuertes o víveres no parecen cumplir los objetivos de desarrollo...


A veces vale más unirnos en contra de lo que repudiamos, que a favor de lo que creemos. Claro que no para quejarse ni protestar, sino para trabajar en la búsqueda de un futuro mejor. Romántico, pero cierto.

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