22.1.07

La inspiración artística es un atentado contra la vida

Escuchando Todo un disco de Yellow Second

Perdón por el monstruoso tamaño de mi post ^^


Estaba leyendo hace poco la historia de Rodney Mullen. Para un fanático del skate, Mullen es el Elvis del rock, el King Tubby de la electrónica, el Fugazi del emo, el Sid Vicious del punk, o quizá más aún, el definió el deporte tal y como lo vemos ahora, es una mente creativa cuyas cualidades al respecto son algo que yo admiro grandemente.

La historia a simple vista es bastante entretenida, y para los que no la conocen, la voy a comentar, pues siento que es una historia que merece ser leída.

Mullen nació multimillonario en 1966, y a los 10 años tuvo el deseo de practicar el skate. Su padre, un doctor, no estaba contento con la idea de que él practicara un deporte para vagos, ni que se expusiera a tales peligros. Después de que Rodney insistiera por mucho tiempo, se le permitió practicarlo con la condición de que al lastimarse por primera vez, tendría que retirarse. Rodney en poco tiempo demostró una gran habilidad respecto al nivel de la época para volverse profesional en sólamente 3 años.

Cualquiera diría "Oh, qué increíble, ser alguien con tales capacidades y lograr algo así debe ser lo mejor", y realmente es lo que yo pensé. Pero la realidad no es tan color de rosa como nos podríamos imaginar, pues a medida que Rodney progresaba, según él mismo, tenía presente una frustración constante debido a que su padre nunca valoró lo que él lograba. La noche del 31 de diciembre de 1976 le pidió una skate y el permiso a su padre. Él le dijo algo que lo frustraría de por vida. Le dijo que sería
"como el niño de enfrente que jugaba básquetbol todos los días, que por mucho que lo intentara, nunca lograría nada".
Un comentario de ese tipo produce en distintas personas distintos resultados: muchas podrían sentir que era cierto y rendirse, muchas otras podrían haber intentado por un tiempo haciendo caso omiso a tal idea, sin embargo Rodney era un niño que buscaba en cierta manera sentir la aprobación de su padre, mientras que lograba sus sueños. Por eso, a medida que comenzaba a competir y ganar (a un ritmo sin precedentes), se propuso a ser el mejor sin importar los medios. Mientras estaba en su habitación, fingía dormir cuando en realidad había construído una rampa miniatura con la que mentalmente practicaba movimientos en su patineta. Corría kilómetros completos, ya sea normalmente o caminando al revés, y practicaba sus trucos con cronómetros para perfeccionar su técnica, con lo que inventó el Flatground Ollie. Muy análogo a pensar en ese Miguel Ángel pegándole en la rodilla a David mientras le pedía que hablara. Es esa inmersión en las creaciones y un escape del mundo real, la que los artistas y genios tienen que vivir para lograr algo nuevo. Es el umbral (o más allá) de la locura.

Cada competencia ganada era una razón para que su padre le dijera que era momento para retirarse.
Ya demostraste que eres el mejor, ahora sigue con tu vida

era lo que le decía, mientras le obligaba a estudiar una carrera universitaria. Alguien con tal habilidad para las matemáticas debería ser ingeniero, o científico. Rodney a sus 13 años se volvió profesional venciendo al campeón mundial. Sin embargo, según él mismo comenta, cada victoria se volvía en algo vacío. El deseo de ser el mejor lo dejó en la soledad, porque cuando uno es el mejor, los demás ya no se sienten identificado. Las niñas que conocían le preguntaban sobre sus viajes, los fanáticos confiaban en su habilidad. El lograr inventar los trucos más desafiantes de la física en toda la historia del deporte lo conviertieron en el mejor de la década, pero aún así, según él, hizo que su vida fuera un fracaso, porque nunca logró hacer que su padre estuviera convencido de su verdadero valor como persona, ni de sus logros. Fue campeón del mundo tantas veces y ganó tantas competencias (TODAS menos una; su estado de depresión extrema lo hizo quedar en segundo lugar) que la gente dejó de prestarle atención, y mientras que por más de 10 años su padre lo obligó retirarse un sinnúmero de veces, él se afianzó al skate como lo único que lo mantuvo cuerdo, y que evitó que se suicidara (a pesar que más de una vez estuvo cerca de hacerlo).

Después de muchos años, se casó con una mujer de la calle (léase indigente, no otra cosa xD ) y cultivó muchas amistades que lo han mantenido practicando y creando nuevos trucos. Sin embargo, hasta el día de hoy él no es capaz de gastar todo su dinero, porque siente que no merece todo lo que ha logrado, y que su única posesión en la vida es su skate con la que patina horas diarias. Mi pregunta después de oír tal historia ha sido: "¿Seré feliz al final?" Y mi respuesta fue: "Eso espero".

Creo que la historia habló por si misma, pero lo que gané con leerla sería que
no importa lo que se logre en esta vida, lo que nos hace felices no se encuentra en ningún otro lado que dentro de nosotros mismos.
Sí... tal vez no seamos capaces de lograr nuestro futuro proyectado, pero definitivamente decidimos nuestra felicidad. Todo un alivio.

3 comentarios :

Theô~ dijo...

Me llegó a dar pena :/
Está interesante la historia de Mullen, no conocía nada de eso.

Isidora dijo...

Es verdad, buscar la felicidad en otros lados es una pérdida de tiempo.

Saludos!

William dijo...

como adicion, hacer algo que amas te puede hacer feliz pero buscar la aprobacion de alguien externo a tu "yo" incluso haciendo lo que amas es la mayor fuente de frustracion que alguien puede tener